La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la actividad física como cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que implique un consumo de energía. Incluye todos los movimientos realizados durante el tiempo de ocio, al desplazarse de un lugar a otro o como parte del trabajo de una persona. Tanto la actividad física moderada como la intensa mejoran la salud.
Algunos ejemplos de actividad física son caminar, andar en bicicleta, nadar, practicar deportes y participar en actividades recreativas y juegos. Todas estas actividades pueden realizarse con cualquier nivel de capacidad y están al alcance de todas las personas.
El ejercicio puede reducir el riesgo de cardiopatías y accidentes cerebrovasculares. Las personas inactivas o sedentarias tienen casi el doble de riesgo de morir por una enfermedad cardíaca en comparación con quienes son físicamente activas. Por ello, incluso realizar un poco más de actividad física —como caminar todos los días— puede ayudar a reducir este riesgo.
Comenzar a hacer ejercicio también contribuye a reducir la presión arterial elevada (hipertensión), conocida como la “enfermedad silenciosa” porque puede no presentar síntomas durante mucho tiempo. Si una persona tiene presión arterial elevada, tiene mayor probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular o un ataque cardíaco. El ejercicio ayuda tanto a prevenirla como a reducirla cuando ya está presente.
La actividad física también mejora los niveles de colesterol. Existen dos tipos principales: el LDL (colesterol “malo”) y el HDL (colesterol “bueno”). Los niveles elevados de LDL y los niveles bajos de HDL aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas. Diversos estudios muestran que realizar ejercicio de forma regular se asocia con niveles más altos de colesterol HDL, lo que ayuda a mantener un equilibrio saludable.
Realizar actividad física de manera regular ayuda a prevenir y controlar padecimientos como la diabetes y la obesidad, mejora el sistema circulatorio y reduce el riesgo de algunos tipos de cáncer. Uno de los aspectos más importantes es que contribuye a mantener un peso corporal saludable, mejora la salud mental y la calidad de vida.
Deben realizar actividad física varias veces al día, especialmente mediante juegos interactivos en el suelo. En bebés que aún no caminan, se recomienda al menos 30 minutos diarios boca abajo, repartidos a lo largo del día.
Deben realizar distintos tipos de actividad física durante al menos 180 minutos al día, incluyendo actividades moderadas a intensas.
Deben realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad intensa.
La actividad física es un elemento fundamental para mantener y mejorar la salud en todas las etapas de la vida. No solo ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad, sino que también contribuye al control de la presión arterial, al equilibrio del colesterol y al fortalecimiento del bienestar mental y emocional.
Incorporar la actividad física en la rutina diaria no siempre requiere grandes esfuerzos: pequeñas acciones como caminar más o usar las escaleras pueden marcar una gran diferencia. Seguir las recomendaciones de la OMS y mantenerse activo varios días a la semana permite reducir significativamente el riesgo de enfermedades y mejorar la calidad de vida.
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