lunes, 23 de febrero de 2026

Dile adiós al refresco

En las últimas décadas, los cambios en la alimentación han evidenciado una tendencia hacia la homogeneización de los patrones de consumo, promoviendo dietas basadas en productos industrializados, entre ellos las bebidas endulzadas. Este fenómeno se ha relacionado directamente con el aumento del sobrepeso, la obesidad y las enfermedades metabólicas a nivel mundial, registrándose más de 655 000 muertes atribuibles a su consumo. Los desequilibrios energéticos ocasionados por el alto consumo de carbohidratos simples tienen efectos negativos sobre la salud, y han sido ampliamente estudiados debido a su relación con el aumento del peso corporal en la población. El problema del consumo excesivo de refrescos y bebidas azucaradas radica en su asociación con múltiples padecimientos, como obesidad, diabetes tipo 2, derrames cerebrales, gota, asma, distintos tipos de cáncer, artritis reumatoide, enfermedades coronarias y óseas, problemas dentales y de conducta, trastornos psicológicos, envejecimiento prematuro y adicción. La presencia de estas enfermedades y las afectaciones al sistema inmunológico cobran especial relevancia en el contexto de la pandemia por COVID-19, ya que las personas con obesidad, diabetes, hipertensión o un sistema inmune debilitado son más susceptibles a presentar complicaciones graves al contraer el virus. Desde el ámbito de la salud, diversos expertos han realizado estudios que miden el consumo diario de bebidas azucaradas y evalúan su aporte calórico como un factor de riesgo para la obesidad y las enfermedades del síndrome metabólico. En México, aproximadamente una cuarta parte de la ingesta calórica total proviene de estas bebidas. Ante esta problemática, se han implementado diversas estrategias a través de programas gubernamentales, la promoción de la salud y la educación nutricional. Sin embargo, hasta el momento no se ha identificado una estrategia única que garantice la disminución efectiva del consumo de bebidas endulzadas. Dos de las estrategias en las que el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) ha participado activamente en la generación de evidencia son: a) La aplicación de un impuesto de un peso por litro a las bebidas azucaradas, que entró en vigor en 2014 y se ha ajustado conforme a la inflación. b) La evidencia científica que sustenta el etiquetado frontal de advertencia, el cual entró en vigor el 1 de octubre de 2020. Estrategias para disminuir el consumo de refrescos A continuación, se presentan algunas alternativas que pueden ayudar a reducir el consumo diario de refrescos: a) Agua natural El agua es un nutriente esencial para la vida y el componente más abundante del cuerpo humano, participando en prácticamente todos los procesos fisiológicos. Debe ser la principal fuente de líquidos y, de ser posible, la única opción de consumo. No obstante, para quienes están acostumbrados al refresco y no disfrutan el sabor del agua natural, se pueden emplear estrategias graduales para modificar los hábitos alimentarios. Las necesidades de consumo de agua varían según la edad, el sexo y el peso corporal. Asimismo, se requiere una mayor ingesta en situaciones como la práctica de actividad física, climas cálidos o alteraciones de salud como fiebre, vómitos y diarrea. b) Agua mineral La composición mineral del agua determina sus propiedades. En general, las aguas minerales favorecen la digestión y pueden ser beneficiosas para personas con estreñimiento. Además, representan una opción estratégica para quienes consumen refresco por la sensación gaseosa, ya que ofrecen una experiencia similar sin añadir azúcares. c) Infusiones Las plantas aromáticas o medicinales aportan múltiples beneficios al prepararse en forma de infusión. Ofrecen aromas y sabores agradables, además de contribuir al buen funcionamiento del organismo. Pueden elaborarse con hojas, frutas o especias, y consumirse tanto frías como calientes. d) Sustitución de sabores Es importante identificar el motivo principal del consumo de refresco, ya sea el sabor dulce, la gasificación, factores emocionales u otros. A partir de ello, se pueden buscar alternativas que brinden una satisfacción similar de forma más saludable y natural. Los refrescos y las bebidas azucaradas están diseñados para ser altamente agradables al paladar, estimulando la preferencia por sabores intensos y dulces. Sin embargo, contienen elevadas cantidades de azúcar, sodio y calorías, lo que los convierte en productos perjudiciales para la salud. Actualmente, México es el mayor consumidor de refrescos a nivel mundial, con un promedio de 163 litros por persona al año, lo que representa un 40 % más que Estados Unidos, que ocupa el segundo lugar con 118 litros anuales. Este dato incluye el consumo total de bebidas azucaradas. En las últimas tres décadas, el refresco —especialmente la Coca-Cola— se ha integrado de manera significativa en la vida cotidiana y en las celebraciones de personas de todas las edades y grupos sociales. Estos elevados niveles de consumo no pueden explicarse únicamente por la preferencia al sabor dulce, como lo demuestra la evidencia científica. En promedio, una familia mexicana destina el 10 % de sus ingresos a la compra de refrescos, el 24 % a otros alimentos y bebidas, y el 66 % restante a vivienda, educación y vestimenta. Lo más preocupante es que, según la organización El Poder del Consumidor, el consumo de bebidas azucaradas provoca alrededor de 24 000 muertes al año en México, siendo una de las principales causas de mortalidad asociadas a la ingesta calórica en la región. Conclusión El consumo excesivo de refrescos y bebidas azucaradas representa un grave problema de salud pública, debido a su estrecha relación con el sobrepeso, la obesidad, las enfermedades metabólicas y un mayor riesgo de mortalidad. En México, su alto consumo no solo afecta la salud individual, sino que también genera un impacto social y económico significativo, especialmente en los hogares con menores recursos. Reducir la ingesta de estas bebidas es una acción fundamental para mejorar la calidad de vida y prevenir enfermedades crónicas. A través de estrategias como el consumo de agua natural, agua mineral, infusiones y la sustitución de sabores, es posible modificar gradualmente los hábitos de consumo de manera consciente y saludable. Decir adiós al refresco no implica un sacrificio, sino una decisión responsable que favorece el bienestar, fortalece el sistema inmunológico y contribuye a una vida más larga y saludable.

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